Si observamos la situación actual, la logística sigue moviéndose en gran parte sobre papel. El albarán que se firma en el muelle, la documentación que viaja con la mercancía, los justificantes que luego hay que archivar, buscar y, demasiadas veces, reclamar… Es un sector estratégico funcionando con procesos que apenas han cambiado en décadas, con información dispersa, manual y difícil de aprovechar. Cualquier conversación sobre el transporte del futuro tiene que empezar por ahí: por dónde estamos hoy.
Del papel al documento digital: DeCA
El primer paso, y el más necesario, es dejar el papel atrás. Ahí es donde entra DeCA: convertir ese documento de transporte de toda la vida en un documento digital. No es un cambio de operativa, sino un cambio de mentalidad. Cuando el documento nace digital, deja de perderse, se firma y se valida al instante, se comparte sin fricción entre quien envía, quien transporta y quien recibe, y queda disponible para cualquier proceso posterior sin volver a teclearlo. Es el ladrillo básico sobre el que se construye todo lo demás.
El verdadero reto: cambiar el chip
Y aquí está la parte difícil, que rara vez es tecnológica. El mayor freno a la digitalización de la logística no es la herramienta, es el cambio cultural. Hablamos de una industria con hábitos muy asentados, donde el papel transmite una sensación de seguridad y donde todos los players de la cadena (conductores, oficinas de tráfico, clientes y administración) deben moverse a la vez para que el cambio funcione.
Digitalizar el documento es relativamente sencillo, lograr que el sector confíe en él y lo adopte como su nueva forma de trabajar es el auténtico salto cultural. Sin eso, la mejor tecnología se queda en un piloto que nunca llega a escalar.
El horizonte: del documento al eFTI y los espacios de datos
Una vez que el documento es digital y el sector ha dado ese paso, se inicia el camino. El Reglamento eFTI (información electrónica de transporte de mercancías) marca la dirección: obliga a las administraciones a aceptar la información del transporte en formato electrónico y fija un marco común de plataformas certificadas y modelos de datos compartidos. Es el puente entre la digitalización de cada empresa y un sistema interoperable de verdad.
¿El destino? Los espacios de datos. Iniciativas como el European Mobility Data Space, alineadas con la estrategia europea del dato, permiten que esa información fluya con soberanía de forma que cada actor decide qué comparte y con quién. Por otro lado, es importante tener en cuenta aspectos de interoperabilidad entre toda la cadena: cargadores, operadores, puertos, terminales y última milla.
Al final, lo relevante es el retorno. Cuando los datos circulan con fiabilidad, se optimizan rutas y cargas, se reducen los kilómetros en vacío, se facilita el cambio modal hacia el ferrocarril y el marítimo y se sientan las bases para medir la huella de carbono del transporte de forma homogénea, en línea con iniciativas como CountEmissions EU y el estándar ISO 14083. Más datos compartidos significan también menos CO₂ por cada mercancía transportada.
El futuro de la logística empieza por algo tan concreto como dejar de imprimir un albarán. Pero, sobre todo, empieza por cambiar de chip. De ahí al dato conectado, el camino ya está trazado.

Ricardo Prieto,
Gerente de cuentas de ALTIA Control Tower.





