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Articulo
10 junio 2026

Liderar con IA: del experimento tecnológico al cambio estratégico

Tras la fase de experimentación y entusiasmo inicial, organizaciones públicas y privadas afrontan un nuevo reto: convertir la inteligencia artificial en una capacidad capaz de transformar procesos, reforzar competitividad y apoyar decisiones estratégicas con impacto real.

La inteligencia artificial avanza con rapidez, pero el verdadero desafío para organizaciones y administraciones ya no consiste únicamente en adoptar nuevas tecnologías, sino en decidir dónde generan valor real y cómo integrarlas dentro de modelos operativos cada vez más complejos. Competencia global, presión regulatoria, sostenibilidad, resiliencia o eficiencia energética están obligando a replantear estrategias empresariales e institucionales en un escenario donde la IA empieza a desempeñar un papel cada vez más transversal. El debate ya no gira sobre experimentar, sino sobre liderar la transformación.

Sobre estas cuestiones se articuló la mesa redonda “Liderar con inteligencia artificial: decisiones estratégicas en un entorno cambiante”, celebrada en el marco del Foro Tendencias Barcelona 2026: Inteligencia artificial ante los grandes retos de la eficiencia energética, la resiliencia y la competitividad organizado por la Plataforma enerTIC.org. En el encuentro participaron representantes de la Generalitat de Catalunya, el Ayuntamiento de Terrassa, SEAT & CUPRA, Audax Renovables y GLS Spain, aportando visiones complementarias desde la administración pública, la industria, la energía y la logística sobre cómo afrontar la integración de la inteligencia artificial en entornos reales.

A lo largo de la conversación quedó patente una idea compartida: el reto ya no está en incorporar más casos de uso, sino en identificar aquellos ámbitos donde la IA puede transformar realmente procesos, reforzar capacidades de decisión y mejorar la competitividad sin perder de vista aspectos como la ética, la soberanía tecnológica o el impacto sobre las personas.

Del hype al valor real: dónde la IA cambia realmente el negocio

Uno de los principales consensos de la mesa fue la necesidad de superar la actual fase de entusiasmo generalizado para centrarse en aplicaciones capaces de generar impacto tangible. Varias intervenciones coincidieron en que muchas organizaciones continúan explorando decenas —o incluso cientos— de posibles usos de la IA, pero el verdadero valor surge cuando se identifican aquellos procesos estratégicos donde la tecnología puede redefinir la forma de operar. La inteligencia artificial comienza así a entenderse menos como una herramienta experimental y más como un elemento con capacidad para transformar áreas críticas del negocio y de los servicios públicos.

Las experiencias compartidas mostraron aproximaciones muy diversas, aunque con una lógica común: utilizar la IA como palanca de mejora operativa y toma de decisiones. Desde la optimización de procesos industriales y de producción mediante gemelos digitales, hasta modelos predictivos para mercados energéticos, sistemas de atención ciudadana más inteligentes o soluciones logísticas capaces de optimizar entregas y mejorar la seguridad operativa. La conclusión compartida fue clara: la inteligencia artificial solo aporta valor cuando responde a una necesidad concreta y se integra dentro de un objetivo de negocio o servicio claramente definido.

La infraestructura invisible: dato, energía y soberanía tecnológica

La conversación permitió también poner el foco sobre una realidad a menudo menos visible: detrás de la inteligencia artificial existe una infraestructura tecnológica y energética cada vez más compleja. El crecimiento de modelos avanzados obliga a reforzar capacidades de computación, almacenamiento y procesamiento distribuido, desde grandes centros de datos hasta arquitecturas edge capaces de acercar la inteligencia al lugar donde se produce la decisión. La eficiencia energética de estas infraestructuras emerge además como un reto especialmente relevante en un escenario marcado por el crecimiento exponencial de las necesidades computacionales.

Pero el verdadero cuello de botella sigue estando en el dato. Varias intervenciones insistieron en que, antes de desplegar inteligencia artificial, las organizaciones deben resolver problemas relacionados con calidad, estructura y gobernanza de la información. La IA requiere datos “digeribles”, contextualizados y consistentes; de lo contrario, el riesgo no es solo perder eficiencia, sino aumentar costes computacionales y generar decisiones poco fiables. A ello se suma un debate cada vez más estratégico sobre soberanía tecnológica, dependencia de grandes proveedores internacionales y la necesidad de fortalecer capacidades propias en Europa.

Liderar el cambio: personas, ética y nuevas formas de organización

Más allá de la tecnología, la mesa redonda puso de relieve que la transformación impulsada por la inteligencia artificial tiene una dimensión profundamente organizativa y cultural. La automatización de tareas no debe entenderse como una sustitución de personas, sino como una oportunidad para desplazar talento hacia actividades de mayor valor añadido. En este contexto, algunas organizaciones comienzan a priorizar perfiles menos centrados exclusivamente en capacidades técnicas y más orientados a curiosidad, adaptación y aprendizaje continuo, en un entorno donde las herramientas evolucionan a gran velocidad.

La conversación abordó también cuestiones relacionadas con ética, transparencia y responsabilidad institucional, especialmente relevantes en sectores públicos o altamente regulados. La protección del ciudadano, la gestión responsable del dato o la necesidad de mantener criterios claros de gobernanza aparecen ya como elementos inseparables de cualquier estrategia de IA. Porque, como quedó patente durante la mesa redonda, el impacto de esta tecnología no consiste únicamente en cambiar procesos: implica rediseñar la forma en que empresas e instituciones toman decisiones, organizan sus capacidades y construyen confianza en un entorno cada vez más complejo.

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