El agua es mucho más que un recurso natural, es una condición de vida, un habilitador de actividad económica y una pieza crítica para la industria, la energía y las ciudades. Esta realidad adquiere una nueva dimensión con el crecimiento acelerado de la inteligencia artificial. Detrás de cada consulta a un modelo de IA existen infraestructuras físicas, principalmente centros de datos, cuya demanda de electricidad y refrigeración aumenta a gran velocidad. Según la Agencia Internacional de la Energía (IEA), el consumo eléctrico de los centros de datos podría más que duplicarse antes de 2030 impulsado por el despliegue de la IA y los servicios digitales asociados.
Al mismo tiempo, la refrigeración de estas instalaciones se está convirtiendo en un factor crítico de sostenibilidad. Un centro de datos de gran escala puede llegar a consumir hasta 19 millones de litros de agua al día para mantener operativos sus sistemas, una cantidad comparable al consumo diario de una población de decenas de miles de habitantes. Actualmente, gran parte de estas instalaciones utilizan sistemas de refrigeración evaporativa que consumen entre 1 y 4 litros de agua por cada kWh de carga informática procesada, en función de la tecnología empleada y de las condiciones climáticas.
Este crecimiento plantea un reto adicional para la gestión de los recursos hídricos. Diversos análisis del sector estiman que los centros de datos ya consumen más de 2.500 millones de litros de agua al día y que esta cifra podría superar los 3.800 millones de litros diarios durante los próximos años debido a la expansión de la capacidad digital y de los servicios de IA. Sin embargo, esta presión también está impulsando importantes avances tecnológicos, como la refrigeración líquida directa al chip, los sistemas de circuito cerrado, la reutilización de agua y el aprovechamiento del calor residual para redes urbanas de climatización. Así, un desafío ambiental se transforma en una oportunidad para mejorar la eficiencia operativa, avanzar hacia modelos circulares y optimizar el uso de recursos cada vez más estratégicos.
Del dato a la eficiencia hídrica
El sector del agua es uno de los ámbitos donde esta lógica cobra más sentido. Las operadoras gestionan redes extensas, activos distribuidos y servicios esenciales, mientras se enfrentan a escasez, envejecimiento de infraestructuras y necesidad de mayor eficiencia. El Agua No Registrada -derivada de fugas, consumos no autorizados, errores de medición o deficiencias de facturación- representa un reto económico, operativo y medioambiental.
En este contexto, ALTEN Group, a través de SDG Group y ALTEN Spain, está ayudando a transformar los datos en decisiones accionables. La colaboración con Aqualia demuestra que la IA no es una solución aislada, sino el resultado de conectar plataformas de datos, telemedida, sensores, información GIS, meteorología, sistemas comerciales, órdenes de trabajo y conocimiento operativo de los equipos de campo.
Las soluciones desarrolladas permiten actuar sobre tres frentes: detectar anomalías de consumo y posibles pérdidas comerciales; optimizar el momento de sustitución de contadores según su precisión real; y anticipar fugas comparando caudales esperados y reales, enriquecidos con variables como estacionalidad, meteorología o presión de red. En este último caso, el objetivo es claro: no esperar a que el agua aparezca en la calle, sino identificar señales tempranas y priorizar intervenciones antes de que el problema escale.
El impacto es tangible: modelos aplicados al parque de contadores han permitido recuperar 735.032 m³ de agua previamente no registrada, y en Castilla-La Mancha se ha alcanzado una efectividad del 70% en la identificación de fugas. Además, los operarios validan alertas, clasifican expedientes y retroalimentan los modelos, reforzando una idea clave: la IA no sustituye el conocimiento humano, lo amplifica.
Tecnología con propósito
La oportunidad no está únicamente en digitalizar, sino en convertir la digitalización en eficiencia medible. En un escenario donde cada gota, cada kilovatio y cada decisión cuentan, los datos, la IA y las plataformas tecnológicas permiten pasar de una gestión reactiva a una gestión predictiva, resiliente y sostenible.






