¿Qué reto aborda el proyecto finalista y qué lo diferencia de las soluciones anteriores?
El reto es transformar la complejidad tecnológica de una cartera inmobiliaria en una capacidad común de gestión. Los edificios incorporan instalaciones de distintas épocas y fabricantes; conectarlas permite comprender cómo funcionan en conjunto.
Nuestra plataforma, desarrollada con Cognizant, integra información energética y operativa en una capa común, con un alcance previsto de hasta 150 edificios. El objetivo es convertir esa visión compartida en mejores decisiones: detectar ineficiencias, priorizar actuaciones y extender los aprendizajes entre activos. La tecnología adquiere así un propósito concreto: gestionar mejor cada espacio y los recursos que necesita.
¿Cómo convierte el proyecto los datos en decisiones que mejoran la operación?
El dato tiene valor cuando permite actuar. Un ejemplo de aplicación es identificar una climatización funcionando fuera del horario necesario: relacionar el consumo con el funcionamiento de la instalación permite investigar la causa, corregirla y comprobar el efecto.
Ese ciclo —detectar, interpretar, actuar y verificar— es el que queremos extender. También permite identificar cuándo una lectura puede ser incorrecta y necesita revisión. Para nosotros, digitalizar implica dotar a los equipos de información útil para intervenir con criterio y aprender del resultado de cada actuación.
¿Qué beneficios persiguen y cómo deben evaluarse?
Buscamos reducir consumos y costes, mejorar la operación y ofrecer espacios más confortables. Estas dimensiones deben evaluarse conjuntamente: una reducción de consumo que perjudique la experiencia de los usuarios no cumpliría el propósito del proyecto.
El seguimiento contempla indicadores energéticos, rendimiento de instalaciones y calidad ambiental interior. Para acreditar resultados, consideramos esencial comparar periodos equivalentes y tener en cuenta factores como la ocupación o la meteorología. La candidatura recoge un potencial de ahorro que deberá validarse con la implantación y las medidas aplicadas. Nuestra ambición es demostrar mejoras sostenidas y reproducibles.
¿Cómo abordan la integración con las infraestructuras existentes?
La diversidad de instalaciones exige una arquitectura abierta y una implantación progresiva. El planteamiento es aprovechar los equipos existentes e incorporar sus datos a un modelo compartido.
Esta integración debe acompañarse de criterios comunes sobre identificación, calidad y significado de la información. Poder comparar instalaciones permite reconocer dónde intervenir primero y dónde una solución puede replicarse. Así entendemos la evolución tecnológica de los espacios: una inversión que conserva lo útil y añade capacidades para mejorar su gestión durante toda su vida.
¿Qué papel desempeña la colaboración entre tecnología, operaciones y negocio?
Es imprescindible para traducir las posibilidades tecnológicas en mejoras cotidianas. Operaciones conoce el comportamiento de las instalaciones; tecnología facilita su conexión y explotación; negocio aporta las prioridades de clientes y usuarios.
El éxito requiere objetivos compartidos y equipos capaces de utilizar la información. Queremos que cada actuación responda a una necesidad reconocible: evitar un consumo innecesario, anticipar una incidencia o mejorar el confort. Nuestra visión es que la inteligencia del edificio se perciba en su funcionamiento: espacios eficientes, fiables y agradables para las personas.
¿Cómo convierte el proyecto los datos en decisiones que mejoran la operación?
Un caso concreto es la identificación de señales incorrectas que provocan órdenes contradictorias a los equipos de nuestros activos. Cuando cada sistema se observa por separado, estas incoherencias pueden pasar inadvertidas. Al relacionar la información, podemos detectarlas, investigar su origen y corregir su funcionamiento.
Puede parecer una intervención pequeña, pero su importancia cambia cuando hablamos de decenas de sistemas por edificio y una cartera de cientos de edificios. Resolver estas incoherencias permite evitar consumos innecesarios, reducir esfuerzos de mantenimiento y mejorar el confort. Además, aporta claridad a los equipos de operación: entender qué está ocurriendo y por qué. Ahí reside el valor de la plataforma: convertir datos dispersos en actuaciones concretas y extender ese aprendizaje al conjunto de la cartera.






