En la década de los sesenta del siglo pasado, y al calor de las misiones de la NASA, nacieron los gemelos digitales. Una tecnología capaz de simular escenarios y anticipar fallos con una precisión casi milimétrica. Sin embargo, para que todo funcione, hay una parte menos visible que resulta igual de importante que la propia representación virtual, hablamos de la tecnología que los mantiene conectados con el mundo real.
Un gemelo digital no consiste simplemente en una reproducción estática, como el reflejo de un espejo. Para que resulte útil, necesita alimentarse de información procedente de su equivalente físico, integrar los datos que recibe de las distintas fuentes y contar con la capacidad de procesamiento necesaria para analizarlos y ejecutar las simulaciones. Así que, como es lógico, cuanto más complejo es el sistema, mayores son las exigencias tecnológicas.
Pensemos, por ejemplo, en una fábrica que utiliza un gemelo digital para detectar con antelación posibles averías. Los sensores recopilan información sobre el funcionamiento de las máquinas, que después debe procesarse y analizarse para detectar anomalías. En estos casos, el tiempo de respuesta es determinante. Pero no todos los gemelos digitales tienen las mismas necesidades. Mientras unos requieren procesar información casi en tiempo real, otros necesitan ejecutar simulaciones complejas o almacenar grandes volúmenes de datos para analizar su evolución.
Esto plantea una cuestión importante ¿dónde conviene procesar toda esa información? En ocasiones, hacerlo cerca de donde se generan los datos, mediante edge computing, puede ayudar a reducir los tiempos de respuesta. En otras, puede resultar más adecuado recurrir a la capacidad de un centro de datos o de la nube. Lo importante es que las empresas puedan elegir la opción que más les convenga según sus necesidades, sin que su infraestructura se convierta en un obstáculo.
En Nutanix trabajamos precisamente para dar respuesta a este reto. Nuestra plataforma permite ejecutar aplicaciones y gestionar datos en centros de datos, nubes privadas, nubes públicas y el edge, manteniendo un modelo de gestión coherente. De esta forma, las empresas pueden adaptar su infraestructura a las necesidades de cada aplicación sin tener que administrar todos esos entornos de manera aislada.
Un reflejo práctico de esta flexibilidad es el proyecto Brigada Digital del Centro de Pruebas y Validación (CEPRUVAL) del Ejército de Tierra. Al adoptar la tecnología de Nutanix, el centro no solo simplificó su gestión operativa, sino que redujo a un tercio el espacio físico de sus equipos y recortó a la mitad el consumo energético. Un ejemplo más de que el verdadero valor de un gemelo digital no reside únicamente en la eficacia de la simulación, sino en la infraestructura que lo sustenta.
Jorge Vázquez,
director general de Nutanix España y Portugal










