El hidrógeno de bajas emisiones se ha convertido en un elemento central de la conversación sobre transición energética. Gobiernos, industrias y fondos de inversión, lo consideran una pieza clave para descarbonizar sectores difíciles de electrificar y para construir un sistema energético más resiliente e independiente.
Sin embargo, desde nuestra experiencia trabajando con clientes del sector, hay un punto que continúa generando fricción:
El sector no avanza al ritmo esperado porque aún faltan certezas en torno a la demanda real, a los modelos de rentabilidad y a la coordinación entre actores. Y, como suele pasar en mercados emergentes, el reto no es tanto producir, sino estructurar.
El hidrógeno no despega porque aún no hablamos su idioma empresarial. Aunque se ha movilizado gran capital en inversión y proyectos, el sector sigue enfrentándose a preguntas clave desde el punto de vista de negocio:
- ¿Quién va a comprar el hidrógeno y a qué precio?
Muchos proyectos nacen con un enfoque de oferta (“Vamos a producir”) en lugar de un enfoque de demanda (“¿Quién lo consumirá y con qué propuesta de valor?”).
- ¿Qué modelo de negocio lo hace viable?
PPAs, H2-as-a-Service, contratos bilaterales, hubs multisectoriales… Aún no existe un modelo dominante y cada cliente necesita algo distinto construido a medida.
- ¿Cuándo será competitivo?
La competitividad no solo depende del coste de producción de forma aislada, sino que hay que tener en cuenta también, el CAPEX y OPEX end to end de la solución, incluyendo el transporte y la distribución. Además de otros factores como el riesgo regulatorio a largo plazo, las subvenciones y la capacidad de integración en procesos industriales.
- ¿Con qué socios se construye realmente un proyecto escalable?
El hidrógeno no es un sector para actuar en solitario.
Requiere alianzas a lo largo de toda la cadena de valor, tanto en el plano industrial y tecnológico como financiero.
Si estas preguntas no se resuelven, el sector no será bancable, independientemente del tamaño de los proyectos.
Lo que realmente necesitan hoy las compañías que tienen en su hoja de ruta desarrollar proyectos dentro del sector del hidrógeno, se agrupa en los cuatro bloques siguientes:
- Claridad de mercado
¿Dónde tiene sentido empezar? ¿Con qué aplicaciones? ¿Qué sectores pueden consumir hidrógeno a corto plazo?
- Viabilidad económica
Sin modelos financieros robustos y sostenibles en el tiempo, ningún Comité de Inversión aprueba un proyecto. Las compañías buscan analizar, entender y cuantificar escenarios, riesgos y oportunidades.
- Coordinación de los actores de la cadena de valor
Productores, consumidores, distribuidores, Organismos de regulación, fondos de inversión… El hidrógeno no funciona sin alianzas multiactor a lo largo de toda la cadena de valor.
- Herramientas que reduzcan la incertidumbre
En mercados emergentes, es clave contar con herramientas que ayuden a reducir y mitigar los riesgos que impiden que un proyecto avance, sea financiable o alcance la escala necesaria.
Desde Inetum ayudamos a nuestros clientes precisamente a reducir esa incertidumbre que hoy condiciona el despliegue del hidrógeno. Acompañamos a las organizaciones en la definición de su hoja de ruta, en el análisis de demanda y viabilidad económica, en la identificación y estructuración de modelos de negocio sostenibles y en la coordinación de los distintos actores implicados. Nuestro enfoque combina conocimiento sectorial, capacidades de gestión y experiencia en proyectos complejos y soluciones tecnológicas que aportan visibilidad, trazabilidad y capacidad de decisión. En un mercado aún naciente, nuestro papel es aportar visibilidad, rigor y claridad para que cada compañía avance con paso firme y con un modelo sólido detrás.
El hidrógeno será un pilar de la transición energética, pero su consolidación no depende únicamente de infraestructura de producción, transporte, o distribución, ni tampoco de regulación en exclusiva. Depende de construir un mercado real, con actores alineados a lo largo de toda la cadena de valor, modelos viables tanto técnicamente como económicamente y demanda comprometida en el largo plazo.









