La convergencia IT-OT genera más valor cuanto más amplia es su cobertura. Parece obvio, pero en la práctica los programas de digitalización tienden a concentrarse en los activos más grandes, más instrumentados o más fáciles de abordar. Hay una categoría que queda sistemáticamente fuera, los activos distribuidos, numerosos y de valor unitario moderado, para los que las soluciones convencionales raramente ofrecen una relación coste-beneficio viable. En la experiencia de PhygitalX trabajando con operadores de red y utilities en Europa y América Latina, esta brecha aparece con más frecuencia de lo que cabría esperar.
El caso de la distribución eléctrica
El centro de transformación de media-baja tensión es un buen ejemplo de este problema. Es el último nodo antes del suministro al usuario final y el activo más numeroso de la red con cerca de 400.000 instalaciones solo en España. La mayoría opera sin monitorización continua. Y su situación no mejora con el tiempo, porque la penetración de generación distribuida, con solar, almacenamiento y vehículo eléctrico, está convirtiendo estos centros en nodos bidireccionales cada vez más complejos de gestionar.
Fallos eléctricos, incendios, inundaciones, intrusiones o condiciones ambientales fuera de rango se gestionan de forma reactiva, cuando el problema ya existe. No es solo una cuestión técnica. Las soluciones de monitorización convencionales implican un coste que pocos operadores están dispuestos a asumir para activos de este valor unitario, y sustituir el parque instalado por equipos ya digitalizados de fábrica tampoco cierra la ecuación a escala.
La aproximación de PhygitalX
Desde PhygitalX trabajamos este problema con un ecosistema de partners tecnológicos especializados. La combinación de sensorización, conectividad, procesamiento edge e integración con los sistemas del cliente permite construir una solución viable desde el punto de vista económico. La solución es no invasiva, sin parada de instalación, con procesamiento en el propio centro y comunicaciones que mantienen la operación autónoma cuando la conectividad falla.
Lo que diferencia este enfoque no es solo el coste. La integración simultánea de múltiples fuentes de datos, señal eléctrica, temperatura, humedad y detección de movimiento entre otras, genera una percepción contextual del activo que reduce significativamente los falsos positivos. Es un problema conocido en infraestructuras distribuidas y uno de los motivos por los que muchos sistemas de alerta acaban infrautilizados. La fusión de señales permite además identificar patrones que un sensor individual no detectaría.
La solución contempla también actuación remota, incluyendo, entre otras, desconexión de red, activación de sistemas de protección, respuesta ante intrusiones. El activo deja de ser un punto de observación para convertirse en un elemento que puede responder sin intervención presencial.
Todo eso se integra con los entornos IT del operador, plataformas de gestión de activos, sistemas de órdenes de trabajo o centros de control, entre otros, cerrando el ciclo desde el dato de campo hasta la decisión operativa. Es ahí donde entra la capa de inteligencia que proporciona correlación entre activos, scoring de salud por transformador, predicción de fallo con antelación planificable, topología de red en tiempo real. No más alertas aisladas, sino contexto operativo sobre el que actuar.

Completar la cadena
Una integración IT-OT que no llega a los activos distribuidos deja tramos de la operación sin cobertura. No es el problema más llamativo de la digitalización, pero sí uno de los más extendidos. Resolverlo requiere soluciones diseñadas específicamente para la escala y la economía de este segmento, no adaptaciones de lo que funciona en alta tensión.






