La transformación del transporte y la movilidad se ha convertido en uno de los grandes desafíos para avanzar hacia modelos más sostenibles, eficientes y resilientes. La presión regulatoria, los objetivos climáticos de 2030 y 2050, la necesidad de reducir emisiones y el avance de nuevas tecnologías están obligando a replantear cómo se mueven personas y mercancías, pero también cómo se gestiona la energía, el espacio urbano y las infraestructuras que sostienen esa movilidad. El reto ya no consiste únicamente en descarbonizar, sino en hacerlo sin perder competitividad, eficiencia operativa ni capacidad de servicio.
Sobre estas cuestiones debatieron representantes de organizaciones públicas, operadores de transporte, compañías de movilidad y empresas tecnológicas durante el Desayuno – Coloquio: «Transporte, nueva movilidad, zonas de bajas emisiones y estrategia energética: el gran reto de la sostenibilidad», patrocinado por Ayesa Digital, Orange Empresas, Kynegos, Grupo Etra, Sistem y Autodesk. En el encuentro participaron representantes del Ayuntamiento de Madrid, Ayuntamiento de Alcalá de Henares, Renfe, EMT Madrid, Europcar Mobility Group, Logista, Cabify, CretschmarCargo, Gas&Go, Grupo Ruiz y Puertos del Estado, configurando un espacio de reflexión multisectorial centrado en algunos de los principales retos de la movilidad sostenible.
A lo largo del coloquio quedó patente una idea compartida: no existe una única respuesta para afrontar la transformación del sector. Electrificación, hidrógeno, biocombustibles, digitalización, inteligencia artificial, IoT o nuevos modelos de movilidad convivirán en un escenario donde la neutralidad tecnológica, la colaboración entre actores y el uso inteligente de los datos serán decisivos para avanzar hacia un sistema de transporte más eficiente, conectado y centrado en las necesidades reales del ciudadano.
Eficiencia energética y descarbonización: más allá de la electrificación
La descarbonización del transporte avanza, pero el coloquio dejó clara una conclusión compartida: no existe una única tecnología capaz de responder a las necesidades de todos los modos de movilidad. Aunque la electrificación se consolida como una de las grandes palancas de cambio —especialmente en entornos urbanos y de corta distancia—, sectores como el transporte pesado, el ferroviario de determinadas líneas o el marítimo continúan requiriendo soluciones complementarias adaptadas a sus condicionantes operativos, energéticos y territoriales. La transición, coincidieron varios participantes, deberá apoyarse en un mix tecnológico capaz de combinar eficiencia, viabilidad económica y capacidad real de despliegue.
El avance de la electrificación quedó patente en experiencias ya plenamente operativas. EMT Madrid recordó que su flota es libre de diésel desde 2022 y prevé cerrar 2026 con cerca de 600 autobuses eléctricos, incorporando además sistemas de carga mediante pantógrafos inteligentes para optimizar la operativa diaria. Por su parte, Renfe destacó el papel de la eficiencia energética dentro de una red en la que cerca del 90% de la flota ya está electrificada, apoyándose en tecnologías como el freno regenerativo, capaz de alcanzar ahorros energéticos especialmente relevantes tanto en Cercanías como en alta velocidad.
Sin embargo, el debate también puso sobre la mesa los límites de determinadas soluciones cuando se trasladan a trayectos de larga distancia o a operaciones especialmente intensivas. El hidrógeno apareció como una opción de gran interés para ciertos escenarios ferroviarios o de transporte pesado, aunque todavía condicionado por los costes asociados a su producción, transporte y almacenamiento. En paralelo, combustibles alternativos como el biometano o el HVO fueron señalados como herramientas especialmente útiles para acelerar la descarbonización inmediata en segmentos donde la electrificación aún encuentra barreras técnicas o económicas significativas. La conclusión fue clara: la neutralidad tecnológica seguirá siendo imprescindible para avanzar hacia una movilidad más sostenible y eficiente.

El cuello de botella invisible: infraestructuras, regulación y capacidad eléctrica
Si la tecnología avanza con rapidez, la infraestructura necesaria para sostener esa transformación parece hacerlo a un ritmo más lento. Uno de los mensajes más repetidos durante el coloquio fue la existencia de un “tapón” energético que amenaza con ralentizar parte de los objetivos de descarbonización del transporte y la movilidad. La electrificación de flotas, estaciones, puertos o nodos logísticos exige una capacidad de red muy superior a la actual, pero los tiempos para habilitar nuevas conexiones eléctricas continúan siendo, en muchos casos, incompatibles con las necesidades operativas y los calendarios de inversión de las organizaciones.
Los participantes pusieron el foco en la necesidad de reforzar infraestructuras críticas capaces de soportar procesos de carga masiva, especialmente en entornos como cocheras, estaciones ferroviarias, puertos o grandes nodos de transporte. La electrificación de muelles mediante sistemas OPS, el despliegue de soluciones para flotas urbanas o la propia transformación de infraestructuras ferroviarias requieren no solo inversión tecnológica, sino también una planificación energética mucho más coordinada. El reto no pasa únicamente por incorporar más vehículos eléctricos, sino por garantizar que el ecosistema energético pueda acompañar ese crecimiento sin generar nuevos cuellos de botella.
A esta complejidad se suma un entorno regulatorio percibido como especialmente cambiante, que dificulta la toma de decisiones a largo plazo. Durante el desayuno-coloquio surgieron reflexiones sobre la acumulación normativa vinculada a emisiones, zonas de bajas emisiones o nuevas exigencias regulatorias europeas, así como sobre barreras operativas todavía pendientes de resolver, como la falta de interoperabilidad en los sistemas de pago de recarga eléctrica. En este contexto, el consenso fue claro: acelerar la transformación requerirá mayor estabilidad regulatoria, una mejor coordinación institucional y marcos que faciliten la inversión en infraestructuras críticas para la movilidad del futuro.
Datos, digitalización y una movilidad más inteligente y centrada en el ciudadano
Más allá de la electrificación o los combustibles alternativos, el coloquio evidenció que buena parte de la transformación de la movilidad dependerá de la capacidad para capturar, compartir e interpretar datos de forma inteligente. Tecnologías como el IoT, la videoanalítica, los gemelos digitales o la inteligencia artificial desempeñan un papel cada vez más relevante para entender patrones de comportamiento, optimizar infraestructuras y anticipar decisiones operativas. Pero, para que ese potencial se traduzca en resultados reales, los participantes coincidieron en la necesidad de superar los tradicionales silos de información mediante una mayor colaboración entre administraciones, operadores y compañías tecnológicas.
La digitalización ya está permitiendo avanzar hacia modelos de movilidad más predictivos y eficientes. Desde sistemas de monitorización en tiempo real de emisiones hasta herramientas capaces de optimizar operaciones urbanas o logísticas, los datos empiezan a convertirse en un activo esencial para mejorar la toma de decisiones. Durante el encuentro también se abordaron casos vinculados a la última milla, como el uso de capacidades de Open Gateway para anticipar si el usuario se encuentra en el domicilio antes de realizar una entrega o la instalación de buzones inteligentes de paquetería en nodos de transporte para reducir desplazamientos innecesarios y mejorar la eficiencia logística.
Pero la conversación fue más allá de la tecnología. El debate dejó una reflexión especialmente relevante: la movilidad sostenible solo será verdaderamente transformadora si resulta también conveniente para el ciudadano. Nuevos modelos como el car pooling, los microbuses de ruta dinámica o esquemas de Mobility as a Service (MaaS) reflejan un cambio de paradigma en el que el objetivo ya no pasa únicamente por reducir emisiones, sino por facilitar desplazamientos más rápidos, accesibles y adaptados a las necesidades reales de las personas. Porque, como quedó patente durante el coloquio, el gran reto no consiste solo en construir una movilidad más limpia, sino una movilidad que el ciudadano quiera elegir.









