El 28 de abril de 2025 España fundió a negro. En cuestión de segundos, millones de empresas vieron interrumpida su actividad, con pérdidas económicas significativas y un impacto transversal en sectores esenciales. Los datos son contundentes: la industria dejó de producir cerca de 5.000 millones de euros; el comercio y la hostelería sufrieron pérdidas similares al tener que cerrar sus puertas; y más del 60% de las empresas (sobre todo PYMEs) sufrieron interrupciones en sus procesos productivos.
Pero más allá de las cifras, el apagón reveló que, a medida que avanzamos hacia un mundo de alta electrificación, de creciente dependencia de energías renovables y con fenómenos meteorológicos extremos, la resiliencia de la red eléctrica se ha convertido en un factor crítico para la competencia económica. En este punto, la lección es clara: el verdadero reto no reside en la generación renovable ni en la variabilidad asociada, sino en la necesidad de dotar a la red de más inteligencia, capacidad de anticipación y respuestas automatizadas. Esto significa actualizar la red eléctrica con tecnologías del siglo XXI que permitan a los proveedores de energía anticipar picos de demanda, variaciones meteorológicas o comportamientos anómalos que pueden comprometer el suministro y responder, con precisión en tiempo real para garantizar la estabilidad de este.
La inteligencia artificial se convierte así en un habilitador esencial en la transición a un suministro de energía flexible, inteligente, resiliente y adaptativo. Los proveedores de energía ya lo han entendido. Gartner vaticinaba a principios del pasado año que el 94% de los CIO del sector de la energía y de servicios públicos esperaba un incremento medio de su inversión en IA de un 38,3% en 2025 y que, en los dos años siguientes, el 40% de las empresas eléctricas y servicios públicos desplegaría operadores controlados por inteligencia artificial (IA) en las salas de control.
La IA analiza patrones complejos para anticipar riesgos, ajusta el rendimiento de la red de forma dinámica, automatiza decisiones operativas, realiza mantenimiento predictivo para evitar fallos antes de que ocurran y optimiza el uso de recursos según la demanda real. Todo, con el objetivo de garantizar que el suministro sea más estable, eficiente y capaz de reaccionar con agilidad ante cualquier alteración del entorno.
Aquellos proveedores que integren desde hoy estas capacidades estarán mejor preparados para afrontar cualquier disrupción y liderar un mercado donde la resiliencia, continuidad y anticipación ya no son una opción, sino una ventaja competitiva decisiva.






