¿Cómo está afectando el contexto geopolítico actual a las prioridades de la industria en materia de eficiencia energética, costes y resiliencia operativa?
Lo estamos viendo de forma muy clara en el día a día con clientes industriales: lo que antes era una línea de mejora, hoy es una urgencia. La volatilidad energética, el incremento del coste del combustible o la inestabilidad en las cadenas de suministro están obligando a tomar decisiones mucho más rápidas y, sobre todo, mejor fundamentadas.
En este contexto, la planificación pasa a ser un elemento crítico. Muchas compañías siguen operando con modelos bastante rígidos, y ahí es donde empiezan los problemas. Cuando el entorno cambia rápido, necesitas capacidad de anticipación. Los planificadores avanzados permiten precisamente eso: simular escenarios, entender el impacto de decisiones antes de ejecutarlas y ajustar la operación en función de variables como el coste energético o la demanda.
¿Qué papel está jugando la tecnología en la mejora de la eficiencia energética y operativa de las organizaciones industriales?
La tecnología está pasando de ser un soporte a ser un motor de decisión. Ya no hablamos solo de medir consumos, sino de optimizarlos de forma activa.
Por ejemplo, estamos trabajando con modelos que permiten adaptar la planificación productiva o logística teniendo en cuenta el coste energético en cada momento. Esto, llevado a escala, tiene un impacto directo en la cuenta de resultados.
La clave está en combinar datos, analítica avanzada e inteligencia artificial para tomar mejores decisiones operativas. No es tanto una cuestión de automatizar, sino de decidir mejor. Y ahí es donde realmente se están viendo los resultados.
¿En qué medida la ciberseguridad se ha convertido en un factor crítico para garantizar la continuidad de las operaciones industriales?
Es totalmente crítica. A medida que las operaciones dependen más de datos y sistemas conectados, cualquier vulnerabilidad deja de ser un problema técnico para convertirse en un riesgo operativo.
Desde mi experiencia, cada vez más las empresas no solo valoran la solución, sino quién está detrás. Contar con un partner que tenga experiencia, recorrido y garantías en materia de seguridad ya no es opcional. Es una condición necesaria para poder avanzar con confianza en este tipo de proyectos.
¿Quién está impulsando con más fuerza la adopción de estas tecnologías en la industria: las propias compañías industriales, los proveedores tecnológicos o las instituciones públicas?
Diría que ahora mismo el impulso principal viene de la propia industria. Hay una necesidad real de mejorar eficiencia, reducir costes y ser más competitivos, y eso está acelerando mucho la toma de decisiones.
Nuestro papel como partners tecnológicos es acompañar ese proceso. No se trata solo de implantar tecnología, sino de entender bien la operación, identificar dónde está el valor y construir soluciones que encajen en el día a día de la compañía.
Las instituciones públicas también están ayudando, sobre todo facilitando la inversión, pero el cambio real está viniendo de dentro de las propias organizaciones.
¿Cuáles son hoy las principales barreras para desplegar soluciones tecnológicas orientadas a mejorar la eficiencia en el entorno industrial?
La principal barrera que sigo viendo es que muchas veces se habla de inteligencia artificial de forma demasiado abstracta. Se entiende el potencial, pero cuesta aterrizarlo: ¿esto cómo me ayuda a reducir costes?, ¿dónde impacto primero?, ¿qué necesito realmente?
Después de más de una década trabajando en proyectos de datos e IA en entornos industriales, lo que tengo claro es que el valor está en bajar todo eso a tierra. Traducir la tecnología en casos de uso concretos: optimizar rutas, mejorar la planificación, reducir consumo energético o anticipar incidencias.
Cuando ese aterrizaje se hace bien, las barreras desaparecen bastante rápido. Porque deja de ser un concepto y pasa a ser una herramienta real para mejorar el negocio.









