La inteligencia artificial está transformando la forma en que las organizaciones innovan, pero también plantea nuevos desafíos. Y uno de los más importantes es cómo hacer crecer la IA sin disparar el consumo energético ni la huella ambiental de la infraestructura.
La respuesta no pasa por frenar la innovación. Todo lo contrario. Pasa por construir una base tecnológica que permita que la IA y la sostenibilidad avancen de la mano.
Durante años, muchas organizaciones han ido ampliando sus centros de datos incorporando nuevos servidores, almacenamiento y capacidad. Este modelo ha funcionado, pero hoy es cada vez más complejo de gestionar, consume más recursos y dificulta responder con la agilidad que requieren las nuevas cargas de trabajo. Eso nos obliga a pensar en cómo seguir creciendo sin disparar el consumo energético.
Cuando hablamos de sostenibilidad solemos pensar en energías renovables o en sistemas de refrigeración más eficientes. Y, por supuesto, son medidas eficaces. Pero solo resuelven una parte del problema. Debemos ir más allá y replantearnos cómo está diseñada la infraestructura.
Las plataformas hiperconvergentes son un buen ejemplo. Permiten integrar computación, almacenamiento y red en una única plataforma gestionada por software. Eso simplifica las operaciones, reduce la cantidad de hardware necesario y aprovecha mucho mejor los recursos disponibles. De hecho, según el estudio Improving Sustainability in Data Centers de Atlantic Ventures, este tipo de arquitecturas pueden reducir la demanda energética en más de un 27 % frente a las infraestructuras tradicionales de tres capas, además de disminuir las emisiones de carbono y los costes operativos.
Dicho de otra forma, la sostenibilidad no consiste solo en consumir energía más limpia; también supone necesitar menos energía para obtener el mismo rendimiento o incluso uno mayor.
Y aquí es donde la propia IA entra en juego. Por paradójico que parezca, la inteligencia artificial puede ayudarnos a gestionar mejor la infraestructura y a reducir consumos innecesarios. Pero para que eso sea posible necesitamos plataformas capaces de ejecutar las cargas de trabajo allí donde tenga más sentido, ya sea en el centro de datos, en el edge o en la nube pública, sin añadir complejidad.
Porque la flexibilidad también es eficiencia. No todas las aplicaciones necesitan el mismo entorno ni los mismos recursos. Poder moverlas de un entorno a otro de forma sencilla permite optimizar tanto el rendimiento como el consumo energético. Esa capacidad de gestionar aplicaciones y datos de forma consistente en infraestructuras híbridas es, precisamente, uno de los pilares sobre los que Nutanix está construyendo su visión para la nueva generación de cargas de trabajo, incluidas las de inteligencia artificial.
Porque al final, la innovación no debería medirse solo por todo lo que somos capaces de hacer con la IA, sino también por la forma en que podemos hacerlo.
Jorge Vázquez,
director general de Nutanix España y Portugal









