Cada servicio de IA tiene una realidad física detrás: servidores, redes, sistemas de refrigeración y energía. También depende de decisiones sobre dónde se ejecuta, qué datos utiliza y cómo se mantiene disponible. Relacionar esas piezas permite entender el alcance de la oportunidad: desarrollar un ecosistema capaz de convertir recursos energéticos y conocimiento tecnológico en servicios digitales de valor.
Esta visión centró las aportaciones del panel «España, hub europeo de centros de datos en la era de la IA: infraestructuras Net Zero ante un nuevo escenario energético y regulatorio», celebrado en el auditorio de tecnología del SmartEnergyCongress 2026. Moderado por Francisco Gomis, coordinador del Grupo de Trabajo de Eficiencia Energética del COIT, contó con Luis Lucas, de Grupo Amper; Salvador Ignacio Folgado, de Atos; Óscar Barrero, de PwC; Julio Lema, de A1 Digital; y Ana Lúa Seoane, de SOTI.
Las propuestas conectan el desarrollo de los centros de datos con el sistema eléctrico, la arquitectura de los servicios y la gestión cotidiana de los activos. La eficiencia se construye en todas esas escalas y puede reforzarse cuando sus decisiones se coordinan.
Energía y software para una infraestructura mejor integrada
La relación entre centros de datos y energía ofrece posibilidades de beneficio compartido. La nueva demanda digital puede acompañar el desarrollo renovable, mientras el acceso a un suministro competitivo y fiable contribuye a la viabilidad de las infraestructuras. Planificar esa integración permite valorar necesidades de conexión, contratación y flexibilidad con una perspectiva de largo plazo.
Óscar Barrero, de PwC, situó entre las fortalezas de España sus recursos renovables, la actividad del mercado de contratación energética y las características de su infraestructura eléctrica. Su análisis vincula esas capacidades con la atracción de proyectos digitales y con la posibilidad de que los centros de datos aporten servicios de flexibilidad y respaldo, según sus condiciones técnicas y operativas.
Para materializar esa oportunidad, subrayó la importancia de contar con planificación previsible, agilidad en los procesos de acceso y conexión y un marco regulatorio estable y proporcionado. La sostenibilidad y la seguridad de suministro forman parte del diseño del proyecto y de las condiciones que permiten decidir una inversión con mayor certidumbre.
La gestión de la infraestructura tecnológica aporta otra vía de eficiencia. Salvador Ignacio Folgado, de Atos, planteó una arquitectura distribuida con un control unificado sobre la ubicación de las cargas de trabajo. La proximidad a los datos, la latencia, los requisitos de residencia y la disponibilidad de recursos orientan dónde debe ejecutarse cada servicio.
Ese enfoque conecta centros de datos, nodos de borde y proveedores cloud mediante políticas que permiten gobernar los despliegues. La propuesta incorpora palancas de software como la compresión de modelos, la selección de la capacidad de IA adecuada para cada tarea y la planificación dinámica de cargas y energía. Medir rendimiento, consumo y emisiones permite incorporar la sostenibilidad a las decisiones de operación.
La soberanía digital adquiere aquí una expresión concreta: conocer dónde se procesa la información, bajo qué reglas y con qué mecanismos de control. La visibilidad sobre emplazamientos, modelos y capacidad disponible facilita coordinar servicios distribuidos y adaptar su ejecución a las necesidades de empresas y administraciones.
La inteligencia aplicada también puede mejorar la operación del sistema energético con el que conviven estas infraestructuras. Luis Lucas, de Grupo Amper, presentó la experiencia de SHERPA GMS en centros de control de generación, donde los compromisos de mercado deben traducirse en consignas que respeten la disponibilidad, las rampas de respuesta y los límites de los activos.
Su planteamiento combina optimización matemática con IA para seleccionar el motor de resolución más adecuado a cada escenario. La simulación permite comparar alternativas y generar información para entrenar esa selección. El objetivo es mejorar la precisión y el tiempo de respuesta en una operación condicionada por la variabilidad renovable y las necesidades del sistema eléctrico.
Son ámbitos distintos, unidos por una oportunidad común de coordinación:
- Planificar la integración: relacionar el desarrollo digital con las necesidades de red, suministro y generación renovable.
- Asignar mejor los recursos: ubicar cargas y seleccionar capacidades según requisitos técnicos, energéticos y de gobierno.
- Optimizar la respuesta: utilizar información operativa y simulación para elegir actuaciones ajustadas a cada escenario.
Una sostenibilidad que se mide y se gestiona cada día
El avance hacia infraestructuras Net Zero necesita información que permita evaluar las mejoras. Conocer el consumo eléctrico es una parte de esa tarea. La refrigeración, el agua, la fabricación de equipos y su renovación también intervienen en la huella de los servicios digitales.
Julio Lema, de A1 Digital (Exoscale), centró su aportación en cómo construir indicadores ambientales comparables para el cloud. Su planteamiento combina el análisis del ciclo de vida con métodos transparentes sobre el alcance de la medición y la asignación del impacto a cada servicio y cliente.
La herramienta CloudAssess, presentada en este contexto, relaciona inventarios de hardware, datos de impacto ambiental, utilización y características del suministro eléctrico por ubicación y periodo. Ese nivel de detalle permite explorar una evaluación multicriterio y comprender mejor qué parte del impacto corresponde a la prestación de un servicio.
La metodología ofrece así una base para las decisiones de compra y mejora. Preguntar cómo se calcula una huella, qué elementos incluye y qué criterios se han utilizado facilita contrastar alternativas. La transparencia permite orientar la selección de proveedores y el seguimiento de resultados hacia información más consistente.
La sostenibilidad también se juega en los dispositivos que conectan la operación con la infraestructura central. Ana Lúa Seoane, de SOTI, amplió la mirada hacia tablets, terminales, sensores y otros equipos distribuidos, cuyo funcionamiento condiciona tanto la disponibilidad del servicio como los datos que llegan a los sistemas de análisis e IA.
Su propuesta conecta gestión de dispositivos, experiencia digital y observabilidad para entender el comportamiento de los activos. Detectar una batería degradada, una conectividad deficiente o una aplicación con bajo rendimiento permite preparar una respuesta antes de que el problema afecte al trabajo. El diagnóstico y el soporte remoto facilitan intervenir manteniendo trazabilidad y control.
Esta gestión contribuye además al aprovechamiento de los recursos: reparar o reconfigurar equipos puede prolongar su vida útil, mientras la asistencia remota permite reducir desplazamientos. La visibilidad sobre los dispositivos, sus actualizaciones y sus accesos incorpora seguridad a esa misma operación. La eficiencia del ecosistema digital abarca tanto la capacidad de cálculo como los activos que lo conectan con los usuarios.
De estas aportaciones surgen prioridades para impulsar un crecimiento sólido:
- Coordinar tecnología y energía: incorporar suministro, conexión y flexibilidad a la planificación de las infraestructuras.
- Gobernar los despliegues: definir criterios de ubicación, residencia del dato y utilización de recursos.
- Medir con métodos comparables: considerar el ciclo de vida y explicar cómo se atribuye el impacto de cada servicio.
- Cuidar la operación completa: mantener visibilidad, seguridad y capacidad de intervención sobre los activos centrales y distribuidos.
La oportunidad de España en la infraestructura europea de IA conecta energía, arquitectura digital y capacidad de gestión. Cada decisión sobre suministro, software, medición o mantenimiento puede contribuir a un crecimiento más eficiente y resiliente. Integrar esas capacidades permite avanzar hacia centros de datos y servicios digitales cuyo valor se sostenga en el tiempo, con la sostenibilidad y la confianza como factores de competitividad.









