Qué activo revisar primero, dónde reforzar la vigilancia o cómo aprovechar la flexibilidad disponible: la resiliencia de las redes energéticas se construye con decisiones concretas. La digitalización amplía la capacidad para tomarlas con anticipación, relacionando lo que sucede en cada equipo con las necesidades del conjunto. El resultado abre oportunidades para mejorar el servicio, optimizar las inversiones y acompañar la transformación del sistema energético.
Este reto reunió a Octave, SDG Group, Phygital X, Babel, FuVeX, Telespazio Ibérica, Cognizant, Paradigma Digital, Alten Worldgrid y Kynegos en el panel «Digitalización de redes de transporte y distribución: operación inteligente, automatización, seguridad, almacenamiento y flexibilidad», celebrado el miércoles en la sala de Energía & Industria del SmartEnergyCongress 2026. Sus aportaciones ofrecieron una visión complementaria de cómo conectar inspección, diagnóstico, mantenimiento y control para avanzar hacia infraestructuras más eficientes, seguras y preparadas para integrar nuevos recursos energéticos.
Ver la red con más detalle y entender sus prioridades
La condición de un equipo adquiere otra dimensión al relacionarla con los suministros que dependen de él y las alternativas disponibles. Julio Echenique, de Phygital X, planteó un gemelo operacional para centros de transformación que combina medidas de campo, modelos y topología de red. Así, el estado de un centro de respaldo también puede influir en la prioridad de mantenimiento de otro activo.
Su propuesta, con validación en entorno real en curso, incorpora procesamiento local para mantener el registro ante pérdidas de comunicación y combina distintas señales físicas para mejorar el diagnóstico. Contrastar ultrasonidos, pulsos eléctricos y presencia de ozono busca aportar más evidencias sobre posibles descargas parciales y reducir falsas alarmas. La utilidad se evalúa en términos de anticipación, respuesta y continuidad operativa.
Esa calidad de la evidencia empieza en la captura. Carlos Matilla, de FuVeX, presentó un ecosistema de drones de largo alcance que reúne aeronaves, sensores, planificación de misiones y procesamiento de datos. La compañía aporta la experiencia de más de 39.000 kilómetros de líneas eléctricas inspeccionadas, con captura visual, térmica y LiDAR en los vuelos.
La combinación permite examinar defectos de componentes, puntos calientes y distancias respecto a vegetación o edificaciones. La IA ayuda, además, a asociar las imágenes con el activo correspondiente. Para el responsable de mantenimiento, disponer de información precisa y correctamente identificada facilita preparar la revisión y seguir la evolución del equipo entre campañas.
La mirada se amplía con la observación de la Tierra. Ignacio Moreno, de Telespazio Ibérica, mostró aplicaciones que combinan datos aeroespaciales, geoinformación e IA para evaluar riesgos climáticos, detectar incendios, identificar daños y planificar actuaciones sobre la vegetación próxima a las redes. La visión territorial permite relacionar el estado de la infraestructura con las amenazas de su entorno.
Ese conocimiento también sirve para diseñar nuevos trazados y organizar la respuesta ante una emergencia. Saber dónde hay daños, qué accesos están cortados o cómo evoluciona la vegetación aporta criterios para asignar recursos y preparar intervenciones. El dato geoespacial entra así en los procesos de planificación, operación y mantenimiento.
La decisión territorial tiene igualmente peso en el desarrollo de nuevos recursos energéticos. Alba Cebrecos, de Kynegos, presentó Ky-BioEnergy para evaluar emplazamientos de biometano relacionando disponibilidad de materia prima, competencia, logística, gestión del digestato y condicionantes ambientales y urbanísticos. La proximidad a las redes gasista y eléctrica forma parte de esa evaluación preliminar, que ayuda a comparar alternativas y orientar los estudios antes de comprometer capital.
Son distintas escalas de una misma necesidad: conservar información útil a lo largo de la vida de la infraestructura. Fernando Mostardinha, de Octave, abordó esa continuidad entre diseño, construcción, operación y protección. Conectar documentación de ingeniería, gestión de activos y trabajo de campo permite aprovechar el conocimiento acumulado para planificar tareas, mantener registros consistentes y reducir el esfuerzo de localizar y validar información.
Las propuestas permiten identificar tres mejoras complementarias:
- Inspeccionar con evidencias fiables: reunir datos precisos, identificados y comparables entre campañas.
- Priorizar con contexto: valorar el comportamiento del activo junto con su función en la red y los riesgos del entorno.
- Conservar el conocimiento: mantener la información conectada con los procesos durante todo el ciclo de vida.
De la evidencia a una operación inteligente a escala
El siguiente paso consiste en trasladar el conocimiento al trabajo de las personas y a los sistemas que gobiernan la infraestructura. Miguel Ángel Rodríguez, de SDG Group, presentó un asistente de diagnóstico que guía al técnico, solicita evidencias visuales, analiza imágenes y facilita la consulta de documentación. La propuesta apoya el análisis de causa raíz y estructura los hallazgos para su revisión y la preparación de órdenes correctivas en SAP o Maximo.
Este enfoque permite conectar inspección, conocimiento experto y planificación del mantenimiento. Una arquitectura con capacidades reutilizables facilita ampliar los usos de la IA sobre una base común de datos, contexto y gobierno. El técnico puede acceder al conocimiento durante la intervención y dejar un registro más consistente para el resto de la organización.
La velocidad de observación también importa. Alberto Rojas, de Alten Worldgrid, abordó la evolución de los sistemas de instrumentación, control y automatización para redes eléctricas y gasistas. La monitorización sincronizada de medidas eléctricas permite estudiar fenómenos rápidos y complementar la supervisión convencional. Sus soluciones de control y optimización relacionan esa mayor visibilidad con previsión de demanda, gestión de congestiones, almacenamiento y flexibilidad.
Llevar estas capacidades a miles de dispositivos exige comprobar cómo funcionan juntas. Martín López, de Babel, situó la validación de interoperabilidad, comunicaciones, firmware y ciberseguridad en el recorrido hacia el despliegue masivo. Su Smart Lab permite contrastar equipos de distintos fabricantes, probar actualizaciones y observar el comportamiento de las comunicaciones bajo estrés. La seguridad acompaña al dispositivo desde el diseño hasta su operación.
La misma disciplina resulta necesaria para extender la IA dentro de las utilities. Ángel Guevara, de Cognizant, propuso identificar oportunidades, validar su impacto, diseñar la arquitectura y el modelo operativo, y escalar con aprendizaje continuo. Entre los casos presentados figura un programa de 88 soluciones de IA desplegadas en el ciclo de vida de aplicaciones de una compañía global de trading de energía: un ejemplo de cómo la integración y la evolución sostenida permiten ampliar el alcance tecnológico.
Roberto Torena, de Paradigma Digital, concretó las prácticas que sostienen esa industrialización: control de versiones, entornos separados, flujos de datos preparados para el volumen real y seguimiento de los modelos en producción. Su propuesta incluye validar en modo sombra, contrastando el comportamiento con datos operativos antes de aplicarlo al negocio, y mantener mecanismos de supervisión humana. La adopción por los equipos y la coordinación entre negocio e ingeniería completan ese trabajo.
El avance hacia una operación más inteligente requiere, por tanto, objetivos verificables:
- Mejor diagnóstico: medir la calidad de las evidencias, los falsos positivos y el tiempo necesario para evaluar una incidencia.
- Mayor continuidad: seguir la disponibilidad de los activos, la anticipación de fallos y los tiempos de respuesta.
- Despliegues fiables: validar integración, comunicaciones, actualizaciones y seguridad antes de ampliar su alcance.
- Valor sostenido: relacionar cada aplicación con resultados operativos y mantener responsables, recursos y seguimiento durante su uso.
Desde una imagen térmica hasta una orden de mantenimiento, desde un mapa de riesgos hasta una decisión de control, la digitalización permite cuidar mejor las infraestructuras que sostienen el sistema energético. Unir esas capacidades ofrece a las utilities más margen para anticiparse, integrar nuevos recursos y aprovechar sus activos con mayor eficiencia. La resiliencia se construye también en cada decisión cotidiana que ayuda a mantener el suministro.








