La innovación y el desarrollo tecnológico, tanto en el ámbito energético como en los procesos productivos, son unas palancas clave para mejorar la competitividad y la sostenibilidad de nuestra economía.
Una prueba de ello es la explosión de las renovables en el suministro energético, que si bien se inició hace tiempo, se acelera la pasada década cuando estas tecnologías de generación superan a las tradicionales en términos de eficiencia en costes e impacto medioambiental, además de mejorar el equilibrio de nuestra balanza comercial e incrementar nuestra independencia energética del exterior.
No obstante, la irrupción masiva de las renovables supone un reto para las actividades de transporte y distribución de electricidad, que deben dar respuesta al impacto que el carácter intermitente de dichas tecnologías de generación pueda tener en la continuidad, calidad y seguridad del suministro.
Dado el impacto que el coste de la energía tiene en la competitividad de nuestra industria, especialmente en aquella que es intensiva en el uso de la electricidad, este reto debe ser alcanzado con un mínimo impacto sobre la factura eléctrica (a corto plazo) y evitando decisiones que, a largo plazo, que puedan condicionar los costes fijos o la evolución del sistema eléctrico en su conjunto.
Teniendo en cuenta las lecciones aprendidas en el pasado con los incentivos a las renovables o el impacto de una planificación inadecuada sobre los precios de la energía en los mercados, dado el carácter regulado de las actividades de transporte y distribución de la electricidad, los agentes involucrados en el desarrollo sostenible del sistema eléctrico deberían trabajar de forma conjunta para alcanzar los siguientes aspectos:
- Una visión consensuada de la evolución de la demanda y las necesidades energéticas, así como de su impacto en la producción y en la cadena del suministro eléctrico.
- Un marco que permita acometer y retribuir las inversiones requeridas para incorporar la nueva generación renovable sin impacto en la continuidad, calidad y seguridad del suministro.
- Unos mecanismos de flexibilidad que permitan equilibrar, a corto plazo, la generación y demanda al trasladar señales de precio a los consumidores finales por el uso que hacen de la energía.
- Un sistema de incentivos que favorezca el desarrollo tecnológico de las renovables y de los mecanismos que ayuden a gestionar los riesgos de su intermitencia. Este sistema de incentivos no debe suponer una ventaja económica sobre otras tecnologías ya implantadas y, por tanto, se debe revisar de forma continua.
- Un marco que permita trasladar los costes fijos del sistema eléctrico a aquellos sujetos que los originan o se benefician de ellos.
La descarbonización del sector eléctrico es una oportunidad para mejorar la competitividad y sostenibilidad de nuestra economía que debemos aprovechar.