La evolución hacia Territorios y Destinos Turísticos Inteligentes (DTIs) representa uno de los cambios más relevantes en la forma en la que las Administraciones Públicas abordan hoy la transformación digital, la sostenibilidad y la eficiencia en el uso de los recursos.
En un contexto caracterizado por una creciente complejidad en la gestión de servicios públicos, el reto de reducir el impacto ambiental en los destinos y la necesidad de aumentar la competitividad turística, los territorios se han convertido en el espacio natural donde confluyen turismo, movilidad, medioambiente, energía e identificación del dato como aportación de valor. Desde esta perspectiva, entendemos la tecnología como una palanca al servicio de la eficiencia energética, la toma de decisiones y la mejora del bienestar de ciudadanos y visitantes. En esta entrevista abordamos cómo los DTIs y los territorios inteligentes están redefiniendo el papel de la digitalización en el sector público, cuáles son sus principales retos y qué aspectos críticos marcarán su evolución en los próximos años.
¿Por qué los Destinos Turísticos Inteligentes y los territorios se están convirtiendo en el nuevo epicentro de las políticas públicas de digitalización?
Porque es en el territorio donde la digitalización adquiere un impacto real y medible: Es ahí donde confluyen calidad ambiental, consumo energético, movilidad, presión turística, seguridad, accesibilidad, experiencia de ciudadano/visitante… En la práctica, los Destinos Turísticos Inteligentes actúan como catalizadores de esa transformación, ya que obligan a conectar ámbitos que antes se gestionaban por separado y fomentan el trabajo con una visión integral basada en datos en tiempo real, o casi real, y en modelos de colaboración público‑privada más maduros. Además, el marco DTI impulsado por SEGITTUR aporta una metodología estructurada basada en cinco ejes—gobernanza, innovación, tecnología, sostenibilidad y accesibilidad— que ayuda a “aterrizar” la transformación en una hoja de ruta concreta y auditable en el tiempo. De esta manera, la digitalización deja de materializarse en proyectos aislados y pasa a configurarse como una política pública integral, alineada con los objetivos de competitividad y transición ecológica.
Durante años se ha hablado de Smart Cities. ¿Qué cambia cuando hablamos de DTI y Territorios Inteligentes frente a ese enfoque más urbano?
Desde mi experiencia en Minsait, observamos que más que un cambio de paradigma excluyente, lo que estamos viendo es una extensión y maduración del concepto de Smart City. Los territorios inteligentes no sustituyen ni dejan atrás a las ciudades inteligentes; las integran y amplían dentro de un marco más amplio y coherente. La ciudad sigue siendo una pieza clave, pero pasa a formar parte de un sistema territorial más complejo, donde conviven áreas urbanas, rurales, espacios naturales, infraestructuras críticas y destinos turísticos con dinámicas muy distintas.
Este enfoque territorial responde mejor a la realidad administrativa, económica y social actual. Muchos de los retos que afrontan las ciudades (movilidad, energía, sostenibilidad ambiental o gestión de servicios) no se pueden resolver únicamente dentro de sus límites urbanos, sino que requieren una visión supramunicipal y coordinada. En el caso de los DTIs, hay que considerar que el turista no se circunscribe a límites administrativos, por lo que un análisis serio obliga a considerar el impacto en todo el territorio: flujos de visitantes, estacionalidad, presión sobre recursos, infraestructuras y convivencia con la población residente.
Hablar de Destinos Turísticos Inteligentes implica dar un paso más hacia una visión sistémica, donde la tecnología y los datos permiten conectar ciudades y entornos no urbanos bajo una estrategia común.
La energía y la eficiencia energética son ejes críticos en la agenda europea. ¿Qué papel juegan en el desarrollo de los territorios inteligentes?
La energía y la eficiencia energética han adquirido un papel estructural en el desarrollo de los territorios inteligentes. La agenda europea es muy clara en este sentido: la transición energética y la mejora de la eficiencia no son opcionales, son un eje central de las políticas públicas actuales y futuras.
Asimismo, la energía también es un sector crítico para los territorios, por su impacto económico y por su relevancia en la calidad y continuidad de los servicios que reciben los ciudadanos. Garantizar su disponibilidad, eficiencia y sostenibilidad es, por tanto, fundamental para cualquier modelo de gestión inteligente
Desde el punto de vista operativo, los territorios inteligentes permiten abordar la eficiencia energética de forma transversal, integrando conocimiento a partir de datos procedentes de monitorización de edificios públicos, infraestructuras, alumbrado, movilidad, entre otros. Esto posibilita pasar de una gestión reactiva del consumo a modelos más avanzados de optimización, alineados con las indicaciones de la agenda europea, los objetivos de descarbonización y la sostenibilidad global del territorio.
¿Qué papel juegan los datos y las plataformas digitales en la toma de decisiones de los territorios inteligentes? ¿En qué ámbitos de los DTIs se está generando ya un mayor impacto real para administraciones y ciudadanos?
Los datos son el verdadero habilitador de los territorios inteligentes. Sin información integrada, fiable y de calidad, no es posible tomar decisiones certeras ni evaluar el impacto real de las políticas públicas en cualquier sector. Por eso la gobernanza del dato es clave, y en Minsait ponemos especial hincapié en su implementación y correcto uso. Las plataformas digitales de las que se están dotando los Destinos Turísticos Inteligentes, permiten unificar información procedente de múltiples fuentes y transformarla en conocimiento útil para la gestión diaria y la planificación estratégica a medio y largo plazo.
En este contexto, la compartición de información entre actores públicos y privados cobra especial relevancia, siempre bajo criterios de seguridad, privacidad y soberanía del dato.
En proyectos europeos como SIMPL, en los que participamos desde Minsait, hemos visto cómo los espacios de datos y las plataformas interoperables abren nuevas oportunidades para mejorar la eficiencia operativa, anticipar escenarios y diseñar políticas públicas más precisas y adaptadas a la realidad de nuestros territorios.
Hoy, el dato ha dejado de ser un subproducto tecnológico para convertirse en un activo estratégico del territorio. Este enfoque ya está generando impactos tangibles en los DTIs, especialmente en ámbitos como la eficiencia energética, donde la integración de información de consumos, cruzado con el uso, permite optimizar la gestión, reducir costes y avanzar en los objetivos de descarbonización. También en la movilidad y la gestión de flujos turísticos, el uso de datos de visitantes facilita una planificación más inteligente, reduciendo congestión y emisiones y mejorando tanto la experiencia del visitante y la calidad de vida de los residentes. Asimismo, los datos están teniendo un impacto creciente en la gestión sostenible del destino, al permitir analizar la capacidad de carga, distribuir mejor la demanda turística y diseñar estrategias más equilibradas a nivel territorial.
¿Qué tendencias marcarán la evolución de los territorios inteligentes en los próximos años?
Creo que la evolución de los territorios inteligentes en los próximos años vendrá marcada, en primer lugar, por una mayor madurez en el uso de los datos y una analítica optimizada. Tecnologías como la inteligencia artificial, los modelos predictivos o los gemelos digitales permitirán pasar de una gestión reactiva a una gestión anticipativa del territorio, facilitando la planificación de recursos, la optimización energética y de servicios, así como la simulación de escenarios complejos antes de tomar decisiones estratégicas.
Junto a esta evolución tecnológica, una de las tendencias más relevantes será el refuerzo de los modelos de gobernanza, tanto del dato como del propio territorio. Los territorios inteligentes exigirán estructuras más claras de coordinación entre administraciones, mayor colaboración público-privada y marcos tecnológicos que garanticen, a todos los los actores implicados, interoperabilidad, seguridad, soberanía y transparencia. En este sentido, la tecnología dejará de entenderse como un fin para convertirse definitivamente en un habilitador de políticas públicas mejor diseñadas y con posibilidad de ser evaluadas de forma continua.
Por último, cobrará cada vez más peso un enfoque centrado en las personas, donde el éxito de un territorio inteligente no se mida solo por la tecnología desplegada, sino por su impacto real en el bienestar de ciudadanos y visitantes.
La tendencia es avanzar hacia territorios más eficientes, sostenibles y resilientes, capaces de equilibrar desarrollo económico, calidad de vida y protección del entorno, utilizando la tecnología como palanca para mejorar los servicios públicos.










