Un asistente encuentra la documentación necesaria para resolver una consulta. Un sistema detecta que un equipo ha dejado de enviar información. Un agente prepara una actuación y deja constancia de los datos y criterios utilizados. Son escenas distintas de una misma transformación: organizaciones que conectan conocimiento y operación para responder mejor y aprovechar sus recursos.
Detrás de esas capacidades hay decisiones estratégicas sobre la tecnología, las responsabilidades y el uso de la información. ¿Quién puede acceder a los datos? ¿Qué contexto necesita la IA para interpretarlos? ¿Qué acciones puede ejecutar y cómo se supervisan? Responder a estas preguntas permite construir una digitalización preparada para crecer y sostener sus resultados.
Estos retos vertebraron las aportaciones del panel «Gobernanza del dato, infraestructuras digitales y soberanía europea: claves para la eficiencia y la competitividad», celebrado en el auditorio de estrategia del SmartEnergyCongress 2026. Moderado por Jaime Ruiz, cofundador de Cities Forum, contó con Mario Díaz, de CIC Consulting Informático; Elena Ruiz, de Moeve; Luisa Casañer, de Ayesa Digital; y Celia Lozano, de Babel.
Una autonomía que se construye en cada decisión
La soberanía digital tiene una expresión muy concreta en la gestión diaria: conocer dónde se almacena y procesa la información, quién puede utilizarla y qué dependencias condicionan la continuidad del servicio. Esta capacidad de control ayuda a las organizaciones a elegir cómo evolucionan sus sistemas y bajo qué condiciones incorporan nuevas soluciones.
Luisa Casañer, de Ayesa Digital, desarrolló esta visión vinculando soberanía, gobierno del dato y automatización inteligente. Su planteamiento distingue ámbitos complementarios: la calidad y trazabilidad de la información, las condiciones en las que la utilizan los modelos de IA y los límites de actuación de los agentes. La autonomía tecnológica adquiere así una dimensión operativa que abarca desde la infraestructura hasta la acción ejecutada.
En el marco de la soberanía europea, esta perspectiva conecta el control de activos estratégicos con la capacidad de innovar y colaborar. Los espacios de datos compartidos que abordó Ayesa Digital permiten plantear intercambios entre organizaciones manteniendo reglas sobre quién accede a la información, con qué finalidad y bajo qué condiciones. La interoperabilidad facilita que ese conocimiento circule y pueda generar nuevos servicios.
La confianza en el dato empieza también en los equipos que lo producen. Un sensor, una aplicación o un sistema de comunicaciones forman parte de una cadena cuyo funcionamiento debe conocerse. Mario Díaz, de CIC Consulting Informático, trasladó esta cuestión a las infraestructuras digitalizadas, donde conviven fabricantes, protocolos y generaciones tecnológicas diferentes.
La propuesta de Netwin integra la supervisión de los equipos de campo, las comunicaciones y los sistemas de control en entornos IT y OT. Disponer de un inventario actualizado, comprobar que los dispositivos siguen enviando información y conocer sus versiones de software permite detectar problemas y preparar una respuesta con mayor precisión. Su aplicación a infraestructuras críticas y redes energéticas ilustra el valor de seguir el recorrido completo del dato.
La visibilidad continua aporta beneficios que alcanzan a la operación, la seguridad y la sostenibilidad. El diagnóstico remoto facilita organizar las intervenciones según el estado real de los equipos y reducir desplazamientos. El registro de incidencias y actuaciones permite conservar evidencias y verificar qué ocurre cuando se modifica una instalación. Conocimiento técnico y capacidad de gestión avanzan juntos.
Esta base de confianza se apoya en tres capacidades:
- Visibilidad: conocer los activos, sus conexiones y el estado de los sistemas que generan y transportan la información.
- Gobierno: definir responsabilidades, accesos, finalidades y condiciones de uso durante el ciclo de vida del dato.
- Interoperabilidad: conectar información y conocimiento entre sistemas y organizaciones con reglas compartidas.
Dar contexto a la IA, convertir la confianza en resultados
Sobre esa base, la inteligencia artificial puede integrarse con mayor profundidad en los procesos de negocio. Interpretar un documento, analizar una incidencia o comparar alternativas requiere relacionar la información con los objetivos, las reglas y las circunstancias de la organización. El contexto permite orientar las capacidades del modelo hacia decisiones útiles.
Celia Lozano, de Babel, abordó este salto mediante Babilon, una capa de conocimiento entre los datos y los agentes. Su propuesta utiliza ontologías para representar las entidades del negocio y sus relaciones, y conecta documentación, sistemas IT y OT e información en tiempo real. Esa estructura facilita que los agentes especializados compartan una comprensión más consistente de la actividad empresarial.
La combinación de Babilon Twin y Nexus incorpora simulación y coordinación para explorar escenarios y valorar su impacto. El objetivo es avanzar desde la consulta de información hacia una capacidad de decisión con trazabilidad, seguridad y participación humana. La selección de los casos de uso, la validación y la operación posterior forman parte de ese recorrido hacia aplicaciones medibles y reutilizables.
Los ejemplos presentados por Ayesa Digital muestran cómo se concreta esta evolución en tareas reconocibles: evaluación de ofertas de proveedores, gestión de correos, apoyo al control presupuestario o consulta de documentación técnica. En el ámbito energético e industrial, también abordó aplicaciones como la monitorización fotovoltaica y la optimización de recursos. Son usos que permiten conectar la automatización con necesidades específicas y orientar la evaluación hacia el valor aportado.
La capacidad de actuar exige, a su vez, acordar qué decisiones pueden automatizarse y qué supervisión requieren. La confianza se construye desde el diseño del proceso, con responsabilidades definidas y mecanismos para comprobar lo que ocurre durante su ejecución. Elena Ruiz, de Moeve, situó esta relación entre confianza y continuidad en el centro de su propuesta. La conexión entre identidad, datos, sistemas, decisiones y operación muestra cómo el funcionamiento digital está ligado a la actividad física de las organizaciones. Integrar negocio, tecnología, riesgo y ciberseguridad desde el inicio contribuye a preparar una transformación más sólida.
Ese enfoque incorpora una dimensión humana esencial. Reportar, cuestionar, comprender y acompañar las decisiones permite que las herramientas se integren en una organización capaz de utilizarlas con criterio. El avance desde los asistentes hacia agentes con mayor autonomía refuerza la importancia del gobierno, la responsabilidad y la seguridad.
La resiliencia completa este planteamiento: hacer seguimiento, detectar, responder, recuperar y aprender. Preparar esas capacidades ayuda a mantener la actividad cuando se produce una incidencia y a mejorar la respuesta futura. Esta visión conecta con el marco de IA responsable expuesto por Babel, que reúne estrategia, gestión de riesgos, datos, tecnología, talento y cambio organizativo para sostener el valor de los proyectos.
Las aportaciones dibujan prioridades compartidas para avanzar:
- Empezar por una necesidad concreta: elegir procesos y decisiones donde la tecnología pueda aportar mejoras evaluables.
- Conectar datos y conocimiento del negocio: proporcionar a la IA información fiable y el contexto necesario para interpretarla.
- Definir las condiciones de actuación: establecer permisos, límites, supervisión y trazabilidad para personas, modelos y agentes.
- Preparar el crecimiento y la continuidad: validar resultados, reutilizar capacidades y prever la respuesta y recuperación ante incidencias.
La competitividad digital se construye con organizaciones capaces de entender sus infraestructuras, aprovechar su conocimiento y dirigir su evolución tecnológica. Gobernar el dato, incorporar seguridad y dar contexto a la IA permite convertir la innovación en una capacidad sostenida. Esa combinación ofrece una base para reforzar la autonomía europea y avanzar hacia una economía más eficiente, resiliente y preparada para decidir.El valor de tener el control: datos, IA y soberanía digital para competir mejor.









